Un matrimonio mal avenido

Un matrimonio mal avenido

Jue, 08/Mayo/2014

En nuestra vida aparecen personas con las que mantenemos relaciones especiales.

Cuando somos niños creamos unos vínculos con nuestros padres y hermanos que no se romperán nunca pase lo que pase.

Nos encontramos con amigos que seleccionamos por diferentes motivos entre todos nuestros conocidos. Unos por su humor otros por su forma de ser, por sus aficiones, cada uno de ellos nos aporta algo y por eso los elegimos.

Más tarde aparece nuestra pareja con la que surge una simbiosis especial que nos lleva a compartir toda una vida con ella. Con los hijos aparecen unos lazos invisibles e inquebrantables que nos llevan a quererlos y amarlos de forma incondicional.

Y por último están los compañeros de trabajo. Estos son impuestos. Los que te tocan, te tocan. Y hay que aprender a aceptarlos tal como son. Como un matrimonio mal avenido, te ves obligado a convivir con ellos de 7 a 3. Ocho interminables horas en las que tienes que aprender a estar con ellos, compartir espacio, obligaciones, quehaceres, alegrías y tristezas.. Estás condenado a ponerte de acuerdo, a ceder, a aceptar su forma de ser. En la vida laboral no existe el divorcio, ni el distanciamiento provisional, ni la separación de bienes. La única opción es el suicidio laboral y tampoco estan los tiempos como para ir suicidándose por ahí.